El lunes pasado, realizamos la excursión al Cortijo del Gallo. Este toma el nombre del Pico del Gallo, en el que se encuentra ubicado. Ya habíamos estado en noviembre, pero en aquella ocasión, debido al mal tiempo, no pudieron venir algunas personas. Por eso hemos vuelto a programar esta salida. Aunque estamos en marzo, se puede apreciar, por las fotografías, que los almendros están en flor. Es debido al frío que nos ha acompañado durante todo el comienzo del año. Lo normal, para estas fechas, es que los almendros ya estén brotados. Además se puede apreciar que muchos árboles todavía no han comenzado a brotar.
El Cortijo del Gallo, en su día, fue uno de los grandes cortijos de La Peza. Se puede apreciar por las dos grandes eras que tienen y por la cantidad de corrales que posee éste; además de sus dimensiones. Antiguamente era normal ir a estos cortijos para trabajar, en las temporadas, por la comida y por dejar dormir allí. Los corrales solían usarlos los dueños y también alquilaban a los pastores del pueblo, que eran numerosos. Otras veces se les dejaba guardar allí el ganado para aprovechar el estiércol de los animales. Eran otras formas de vida, entonces nadie aspiraba a ganar 3.000 euros al mes, como ha ocurrido estos años atrás. Se trataba de vivir el día a día. Estamos hablando de los años en los que se realizaban las roturas en los montes de La Peza. Estas consistían en ir al monte, en primavera-verano, y aprovechar parte de una ladera para sembrar garbanzos. Se vivía con muy poco. Por eso, al ver este cortijo, se aprecia su importancia y riqueza. Por uno de sus lados existen unos extensos llanos para el cultivo, principalmente de secano. Por el otro lado del monte también existen zonas de cultivo de regadío. El cortijo cuenta con dos fuentes. Además de los olivos, almendros, encinas... que están por todas parte.
El Cortijo del Gallo, en su día, fue uno de los grandes cortijos de La Peza. Se puede apreciar por las dos grandes eras que tienen y por la cantidad de corrales que posee éste; además de sus dimensiones. Antiguamente era normal ir a estos cortijos para trabajar, en las temporadas, por la comida y por dejar dormir allí. Los corrales solían usarlos los dueños y también alquilaban a los pastores del pueblo, que eran numerosos. Otras veces se les dejaba guardar allí el ganado para aprovechar el estiércol de los animales. Eran otras formas de vida, entonces nadie aspiraba a ganar 3.000 euros al mes, como ha ocurrido estos años atrás. Se trataba de vivir el día a día. Estamos hablando de los años en los que se realizaban las roturas en los montes de La Peza. Estas consistían en ir al monte, en primavera-verano, y aprovechar parte de una ladera para sembrar garbanzos. Se vivía con muy poco. Por eso, al ver este cortijo, se aprecia su importancia y riqueza. Por uno de sus lados existen unos extensos llanos para el cultivo, principalmente de secano. Por el otro lado del monte también existen zonas de cultivo de regadío. El cortijo cuenta con dos fuentes. Además de los olivos, almendros, encinas... que están por todas parte.
Este cortijo es un ejemplo de la importancia que tuvo la sierra en la vida del pueblo, debido a que daban mucho trabajo a la gente de La Peza y de los alrededores. La sierra no sólo fue importante por los carboneros y pastores, sino por estos cortijos, como el de Malajara, el de la Montefría...
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